Por qué Trump fue determinante para cambiar la suerte de Assange


 

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz - LA NACION

   

ASHINGTON.- El arresto de Julian Assange en la embajada de Ecuador en Londres bajo un pedido de extradición de Estados Unidos es el epílogo de una larga persecución desplegada por la administración de Donald Trump , que comenzó con un giro radical respecto de la presidencia de Barack Obama : Wikileaks dejó ser tratada como si fuera una organización periodística por el gobierno federal.

El resultado de ese giro fue que el Departamento de Justicia y la CIA lanzaron una campaña contra Assange. Durante la presidencia de Obama, la estrategia del gobierno estadounidense para frenar filtraciones había sido ir contra los "topos": Chelsea Manning, que filtró los cables diplomáticos, o Edward Snowden, que reveló la amplísima estructura de espionaje en Internet construida por Washington. Nunca contra Wikileaks.

Con la llegada de Trump al poder, las agencias federales pusieron la lupa sobre la organización fundada por Assange, justo luego de que Wikileaks sacudiera la última campaña presidencial, al ser, según Estados Unidos, el canal utilizado por el Kremlin para dañar a la campaña de Hillary Clinton con información provenientes de miles de correos electrónicos obtenidos por hackers rusos.

El gobierno de Vladimir Putin ha negado cualquier injerencia y todas las acusaciones de Estados Unidos. Wikileaks negó que la fuente de la información que difundió haya sido Rusia.

Ese papel de Wikileaks en la elección presidencial de 2016 pareció haber marcado un quiebre definitivo. Al giro en Estados Unidos se sumó el fin de la presidencia de Rafael Correa en Ecuador, que fue sucedido por Lenin Moreno, un mandatario mucho más cercano a Washington.


Hoy, el Departamento de Justicia anunció que había presentado cargos contra Assange por una "conspiración" para obtener material clasificado de computadores del gobierno federal. Con Obama, el entonces fiscal General, Eric Holder, sostenía que cualquier acusación contra Wikileaks podía chocar con la Primera Enmienda de la Constitución, que protege la libertad de expresión. Con la acusación formal, esa visión quedó en el pasado.

El arresto y la acusación formal de Estados Unidos contra Assange ya provocó una cruda discusión sobre la libertad de prensa y el papel de organizaciones que, como Wikileaks, difunden información confidencial.

Wikileaks sostiene que es una entidad periodística. El gobierno de Donald Trump piensa lo contrario. Glenn Greenwald, quien trabajó con Snowden para publicar las revelaciones sobre el espionaje de Estados Unidos, acusó a Washington de criminalizar el periodismo.

"El Departamento de Justicia dice que parte de lo que hizo Assange para justificar su procesamiento, más allá de supuestamente ayudar a Manning a obtener los documentos, es alentar a Manning a obtener más documentos para que publique. Los periodistas hacen esto constantemente con las fuentes: es la criminalización del periodismo", tuiteó Greenwald.

Al saber la noticia del arresto de la noticia, Trump se desmarcó de Wikileaks. Dijo que "no sabía nada". Durante la campaña, su retórica era otra. "Este WikiLeaks es como un tesoro", llegó a decir, luego de la divulgación de los correos electrónicas demócratas que golpearon a Clinton. "Me encanta Wikileaks", dijo también. En uno de sus cuarteles de campaña, Trump tenía un póster con una imagen de Assange que decía: "Querida Hillary, extraño leer tus correos confidenciales".

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