María no estaba haciendo campaña. Ni siquiera estaba posando, pero alguien capturó el momento y subió la foto. Vestida con ropa deportiva, casi de entrecasa, le entregaba un regalo a una vecina de su pueblo que cumplía 90 años.
En ese posteo se contó que la cumpleañera tuvo varios hijos, muchos nietos y que, en su juventud, a fuerza de machete, carpida y arado, se abrió camino y construyó su hogar en el campo. En esa chacra crió gallinas, vacas y una familia junto a su compañero de vida. Atravesaron décadas de sacrificio, desafíos, fe, amor y hasta un poco de locura.María eligió hablar de ella. Contó su historia. Y esa publicación superó las 200 mil visualizaciones en Facebook.
En tiempos en los que un sector muy amplio del electorado rechaza todo lo que parece o huele a política, una escena cotidiana logró mucho más que una estrategia cuidadosamente planificada. No se hizo viral un discurso. No se hizo viral una consigna. Se hizo visible una historia.
¿Quién soy?
Esa, que parece la pregunta más simple de responder, no siempre encuentra una respuesta en la comunicación política.
Durante años se construyeron candidatos casi perfectos. Existen fórmulas y manuales sobre marca personal que indican cómo hablar, cómo vestirse, qué temas evitar y hasta cómo moverse frente a una cámara.
Sin embargo, en la repetición constante de esos modelos, muchas veces se pierde lo más importante: la identidad.
Existe una necesidad real de conocer más sobre la vida de quienes aspiran a representar a la sociedad. No desde el espectáculo ni la exposición permanente, sino desde aquello que los hace personas: sus desafíos como madres, padres, hijos o abuelos; los sacrificios que implica ejercer un cargo público; las convicciones que sostienen sus decisiones.
La comunicación política cambió. Ya no alcanza con construir una imagen. La ciudadanía busca coherencia entre la persona y el dirigente.
Por eso aquella fotografía de María tuvo tanta repercusión. No solo porque mostrara a una dirigente política, sino porque reflejaba la historia de una mujer que representaba el esfuerzo, el trabajo y la dignidad de toda una generación.
Las personas conectan con historias antes que con personajes.
Tal vez la pregunta que hoy deberían hacerse quienes participan de la vida pública ya no sea “¿cómo quiero que me vean?”, sino “¿quién soy realmente?”.
Porque una estrategia puede captar la atención por un instante, pero solo la autenticidad logra permanecer en la memoria y en el corazón de la gente.
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CLORINDA :
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